A 38 años del peor desastre nuclear de la historia, la zona de exclusión de Chernóbil se ha convertido en un laboratorio viviente de la evolución, donde la naturaleza desafía los efectos de la radiación con sorprendentes adaptaciones.
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Contrario a los mitos de mutaciones monstruosas, la ciencia revela un fenómeno más fascinante: especies que han desarrollado defensas únicas contra la radiación.

- Ranas negras: Las ranas arborícolas (Hyla orientalis) cambiaron su color verde por tonos oscuros gracias a la melanina, que actúa como escudo contra la radiación.
- Lobos resistentes al cáncer: Expuestos a dosis seis veces superiores al límite humano, estos animales presentan marcadores genéticos que podrían revolucionar la medicina.
- Gusanos indestructibles: Nematodos recolectados en la zona no muestran daño genético, desafiando lo que se creía sobre la radiación.
En ausencia humana, la zona se ha convertido en un santuario para la vida silvestre:
- Aves como cigüeñas negras y águilas proliferan aquí mientras desaparecen en otras regiones.
- Mamíferos como linces y nutrias encuentran en estos bosques un hábitat libre de caza y urbanización.

Aunque muchas especies sobreviven, la radiación sigue pasando factura:
- Vidas más cortas y fertilidad reducida en varios animales.
- El Bosque Rojo, aún contaminado con isótopos radiactivos, sigue siendo un recordatorio del peligro latente.
