En la era previa a TikTok y los memes virales, hubo una tendencia que parecía imparable: Silly Bandz. Estas pulseras de silicona con formas de animales, objetos y símbolos se convirtieron en el accesorio más deseado entre niños y adolescentes a finales de los 2000 y principios de los 2010. No importaba el país: si estabas en la escuela, seguro alguien tenía al menos una.
Lo curioso es que eran, básicamente, ligas. Pero su encanto estaba en que al quitártelas, regresaban a su forma original: delfines, unicornios, guitarras, corazones. La colección se volvía parte de tu personalidad, y cambiarlas con amigos se sentía como un ritual secreto. Algunas eran “raras”, otras “legendarias”. Y como toda buena moda, las escuelas empezaron a prohibirlas, lo que solo aumentó su mística.
El boom fue tan grande que llegaron a tener colaboraciones oficiales con personajes famosos, franquicias e incluso bandas musicales. Pero como todo fenómeno de la cultura pop, su caída fue tan rápida como su ascenso. Un día, todos las usaban. Al siguiente, desaparecieron.
Hoy, las Silly Bandz son un símbolo de nostalgia. Un recuerdo de una época más simple, donde una liga con forma de dragón podía convertirte en el más cool del recreo.